Cada 26 de febrero se conmemora el Día Mundial del Pistacho, una fecha que pone en valor a uno de los frutos secos más apreciados por su sabor y por sus propiedades nutricionales. Este alimento, cada vez más presente en la gastronomía internacional, se utiliza tanto en recetas dulces como saladas.
El pistacho proviene del árbol pistachero o alfóncigo, considerado uno de los más antiguos del mundo. Sus primeras plantaciones surgieron en regiones desérticas de Asia y su producción es lenta, ya que la semilla puede tardar varios años en germinar. Se caracteriza por su cáscara dura y su interior verde, con una textura más tierna.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud recomiendan incluir frutos secos dentro de una dieta equilibrada. En ese contexto, el pistacho suele formar parte de la dieta mediterránea, un modelo alimentario vinculado con la prevención de enfermedades y una mejor calidad de vida.
Entre sus principales aportes, el pistacho contiene vitaminas B1, B2, E y K, además de una alta proporción de grasas no saturadas. También ofrece fibra, proteínas vegetales y minerales como fósforo, magnesio y potasio, componentes que contribuyen al buen funcionamiento del organismo.
Diversos estudios señalan que su consumo puede favorecer la salud cardiovascular, ayudar a regular la glucosa en sangre, mejorar la digestión y aportar antioxidantes que protegen las células. Por estas razones, especialistas lo consideran un alimento saludable para incorporar de forma moderada en la alimentación diaria.
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