Baches profundos, banquinas destruidas, falta de iluminación y obras paralizadas. El deterioro de las rutas nacionales que atraviesan Santa Fe dejó de ser solamente una postal de abandono y se convirtió en una amenaza constante para miles de conductores que las recorren todos los días. Según un informe técnico de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina), más del 53 % de los 2.700 kilómetros de corredores nacionales que cruzan la provincia se encuentran en estado “malo”. En ese contexto, ya se registraron 34 muertes en siniestros viales entre enero y abril de 2026.

Las rutas más comprometidas son las nacionales 11, 33, 34, 8, 95, 178, A012 y parte de la 168, donde vecinos, transportistas y usuarios habituales denuncian la presencia de cráteres, deformaciones del asfalto, señalización deficiente y falta de mantenimiento general.

Desde Fepevina remarcaron que muchas de las trazas “necesitan una reconstrucción total” y advirtieron que el problema no es solamente superficial. “Las rutas están detonadas. Hay sectores donde la base del asfalto cedió completamente”, señalaron desde el organismo técnico.

La ruta 34, la más peligrosa de Santa Fe

La ruta nacional 34 encabeza el ranking de las carreteras más peligrosas de la provincia. De acuerdo con datos de la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV), en lo que va de 2026 se registraron allí 12 víctimas fatales en nueve siniestros viales.

El corredor presenta un intenso tránsito de camiones, especialmente entre el Gran Rosario y Rafaela, además de sectores sin banquinas pavimentadas y obras de autovía paralizadas desde hace años. Según el informe técnico, las deformaciones del pavimento y el desgaste provocado por el transporte pesado incrementan notablemente el riesgo de accidentes, sobre todo durante la noche.

La ruta 33 y una “ruleta rusa”

En segundo lugar aparece la ruta nacional 33, especialmente en los tramos de Casilda, Venado Tuerto y Rufino, donde el pavimento presenta graves fallas estructurales.

Desde la Federación del Personal de Vialidad Nacional advirtieron que el deterioro no afecta solamente la superficie, sino también la base sobre la que se sostiene el asfalto. A esto se suma el ancho insuficiente de la calzada para el volumen de tránsito pesado que circula diariamente.

Vecinos y automovilistas definieron el panorama con crudeza: “Transitarla se volvió una ruleta rusa”.

La ruta 11 completa el podio

La ruta nacional 11 ocupa el tercer lugar entre las más deterioradas. El tramo más crítico va desde Timbúes hasta Resistencia, con más de 500 kilómetros plagados de baches, ahuellamientos y banquinas destruidas.

La situación llegó a tal punto que en algunos sectores vecinos autoconvocados colocaron señalizaciones artesanales para advertir sobre pozos y evitar nuevos accidentes.

El secretario de la APSV, Carlos Torres, aseguró que las reparaciones realizadas por Nación fueron mínimas y, en muchos casos, solo se concretaron por orden judicial. “Si había veinte pozos, taparon cuatro y se fueron”, resumió.

Otras rutas en estado crítico

El ministro de Obras Públicas de Santa Fe, Lisandro Enrico, también incluyó entre las rutas más comprometidas a la 78, 95, 8, 7, 168, 178 y la A009, además de remarcar el grave deterioro de la A012, a la que calificó directamente como “un desastre”.

En paralelo, continúan las discusiones entre Nación y Provincia sobre quién debe hacerse cargo de las obras y el mantenimiento. Mientras tanto, las tareas de reparación avanzan lentamente o permanecen paralizadas.

Más muertes y mayor riesgo

Los datos oficiales muestran una diferencia alarmante entre las rutas nacionales y provinciales. Mientras las rutas nacionales registraron 34 fallecidos en apenas cuatro meses, las provinciales contabilizaron 24 víctimas fatales en una red mucho más extensa.

La APSV advirtió que la combinación entre lluvia, niebla, pozos y falta de mantenimiento multiplica el riesgo de muerte entre 10 y 15 veces.

Para las autoridades provinciales y organismos técnicos, muchas de estas tragedias son “evitables”. También cuestionan que los usuarios continúan pagando impuestos y peajes destinados al mantenimiento vial, aunque las obras no se ejecuten.

“Cuando se abandona el mantenimiento, se deja de gestionar infraestructura y se empieza a administrar el colapso”, advirtieron desde Fepevina.