Cada 6 de abril se conmemora el Día Mundial de la Actividad Física, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) bajo el lema “Move for Health” (“Movete por la salud”). La jornada busca fomentar hábitos saludables y generar conciencia sobre los efectos del sedentarismo, una problemática que continúa en aumento a nivel global.

Según datos del organismo, cerca del 28% de los adultos no cumple con los niveles de actividad física recomendados. En este sentido, la OMS establece que una persona debe realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad intensa para mantener un buen estado de salud.

La actividad física no se limita al deporte: incluye cualquier movimiento corporal, desde caminar o subir escaleras hasta bailar o realizar tareas cotidianas. Practicarla de manera regular aporta múltiples beneficios, como el fortalecimiento muscular y óseo, la mejora de la capacidad cardiorrespiratoria y la reducción del riesgo de enfermedades como hipertensión, diabetes o distintos tipos de cáncer.

Además, el ejercicio tiene un impacto positivo en la salud mental, ya que ayuda a disminuir los síntomas de ansiedad y depresión, combate el estrés y favorece funciones cognitivas como la coordinación y el equilibrio. También es clave para el desarrollo saludable en niños y jóvenes.

Para quienes optan por entrenar en casa, los especialistas recomiendan realizar un apto médico previo, comenzar con un buen calentamiento y finalizar con elongación para evitar lesiones. Entre las opciones más accesibles se destacan ejercicios como skipping, sentadillas, planchas, saltos (con soga o tipo jumping jacks) y subidas a escalones, todos adaptables a distintos niveles y sin necesidad de equipamiento complejo.