El Viernes Santo, una de las jornadas más significativas del calendario cristiano, se conmemora este 3 de abril como parte del Triduo Pascual, el período que comienza con el Jueves Santo y culmina con el Domingo de Resurrección. Se trata de un día de profundo recogimiento que evoca la crucifixión y muerte de Jesucristo, considerado por los creyentes como un acto de redención para la humanidad.
A diferencia de otras fechas religiosas, el Viernes Santo no tiene un día fijo en el calendario. Su conmemoración se establece según el calendario litúrgico, determinado a partir de la primera luna llena posterior al inicio del otoño en el hemisferio sur. Por eso, cada año varía su ubicación dentro de los feriados religiosos.
Durante esta jornada, las iglesias de todo el mundo llevan adelante celebraciones especiales, entre ellas la tradicional liturgia de la Pasión del Señor. Además, muchos fieles participan del Vía Crucis, una representación simbólica del recorrido de Jesús hacia la cruz, mientras que otros optan por el ayuno, la abstinencia y momentos de oración como forma de penitencia y reflexión.
Según los relatos bíblicos, el Viernes Santo rememora los momentos finales de Jesús: su traición por parte de Judas Iscariote, su detención y posterior juicio ante Poncio Pilato. Luego, fue sometido a burlas y castigos antes de ser obligado a cargar la cruz hasta el Gólgota, donde finalmente fue crucificado junto a dos ladrones.
De acuerdo a las escrituras, su muerte ocurrió cerca de las tres de la tarde, momento en el que se produjeron fenómenos como la oscuridad del cielo y un fuerte temblor. Este episodio marca el punto de mayor solemnidad dentro de la Semana Santa y antecede a la celebración de la resurrección, reafirmando su vigencia como una de las fechas de mayor valor espiritual para el cristianismo.

