Hoy se cumplen quinientos años de la partida de la expedición de Sebastián Gaboto desde el puerto español de Sanlúcar de Barrameda. Aquel 3 de abril de 1526, cuatro naves y más de doscientos hombres emprendían un viaje incierto que, sin saberlo, cambiaría para siempre la historia del actual territorio argentino.
La armada, que había quedado lista en febrero de ese mismo año, estaba compuesta por la nao capitana Santa María de la Concepción, la Santa María del Espinar, la Trinidad y la pequeña carabela San Gabriel. A bordo, una tripulación diversa, en muchos casos extranjera, reflejo de las dificultades para reclutar hombres dispuestos a internarse en la desprestigiada ruta del sur. Italianos, portugueses, griegos, españoles y otros europeos compartían el mismo destino: lo desconocido.
Detrás del nombre de Gaboto, la historia ha tendido a simplificar una empresa que fue, en realidad, colectiva. Pilotos, marineros, soldados, artesanos, religiosos, cosmógrafos y hasta comerciantes sevillanos que financiaban la expedición formaron parte de esta epopeya. Muchos de ellos quedaron en el anonimato, pero su esfuerzo y su voluntad hicieron posible uno de los hitos fundacionales de nuestra historia regional.
Tras una navegación dificultosa, marcada por vientos adversos que incluso obligaron a una larga espera en Pernambuco, la expedición avanzó hacia el sur hasta internarse en el sistema del Río de la Plata. Allí, en la confluencia del río Carcarañá con el Paraná/Coronda, nacería poco tiempo después el fuerte y poblado de Sancti Spíritus: el primer asentamiento europeo en lo que hoy es territorio argentino.
EL PRIMER PUEBLO DE LA ARGENTINA
“La historia argentina comienza con estas maravillas. No hay en la historia del mundo un país que tenga unos orígenes tan sorprendentes, tan envueltos en misterios bíblicos y en las profundidades indias como la historia argentina. Tharsis, Ophir, La Sierra y el Río de la Plata”.
Enrique de Gandía (La Nación, octubre de 1977)
“Es primordial destacar la capital importancia de la creación del pueblo y fuerte Sancti Spíritus, que el desconocimiento general ha eclipsado, basado en el esplendor de otras fundaciones, y en la natural sencillez y humildad del gabotero”.
Amadeo P. Soler (1983)
Como vemos, el solitario rincón del Fuerte Sancti Spíritus fue tierra de alumbramiento: evangelio, raza, agricultura y, para que nada le falte a la gesta, hasta los dolores de la tragedia padeció. Todo ello hace acreedor a ese solar a un lugar destacado en la memoria nacional. Allí tuvo lugar también el primer episodio triguero en potencia en suelo argentino. Aquellas pocas espigas que dorara el sol de diciembre de 1527 fueron precursoras de la grandeza económica de nuestra patria. La opulencia de Santa Fe, ligada al trigo, no puede olvidar esos orígenes modestos que le dieron prestigio y fama de granero del Paraná.
“Sea un azar del destino (Gaboto) con el correr de los siglos, el hecho real es que aquellas pocas espigas… fueron precursoras de la grandeza económica de nuestra patria, por lo que no hay que olvidarlas”.
Báez, J. R. – La Primera Colonia Agrohispana en el Río de la Plata (1944)
Y fue precisamente en esa tierra feracísima, entre el Carcarañá y el Coronda, donde se sembraron las primeras semillas de trigo, logrando dos cosechas: las primeras de toda la actual Argentina.
“La conmemoración de los 450 años de la fundación de Sancti Spíritus reclama una trascendencia nacional…”
A. Zapata Gollán (El Litoral, junio de 1977)
Se ha escrito mucho sobre la desobediencia de Gaboto a Carlos V, al internarse en el Paraná en lugar de dirigirse a las Molucas. Sin embargo, también puede interpretarse que supo leer el espíritu de su misión, buscando en estas tierras lo que el Imperio esperaba encontrar en Oriente: riqueza, rutas y posibilidades.
“Pero es cierto también que mi opinión es interesada, porque el fuerte de Sancti Spíritus fue fundado, casi sin ninguna exageración, enfrente de mi casa.”
Juan José Saer (El río sin orillas)
A quinientos años de aquella partida, el río, las costas y la memoria siguen hablando de ese comienzo. En Sancti Spíritus —ese primer pueblo, humilde y trascendental— nació mucho más que un asentamiento: nació una historia. Una historia hecha de encuentros, de siembras, de sueños y también de conflictos, que aún hoy nos interpela.
Recordar esta efeméride es, en definitiva, reconocer que en ese rincón del litoral comenzó a gestarse una parte esencial de lo que somos. Porque allí, entre ríos y esperanzas, empezó a escribirse la historia argentina.
Humilde homenaje al Primer Historiador Gabotero AMADEO P. SOLER, y a todas aquellas personas que, siguiendo la pasión por nuestra historia, la siguen difundiendo en cada rincón por donde transitan a diario. Que la memoria no desaparezca y que Puerto Gaboto encuentre su destino de grandeza.
Por: Ricardo N. González.

