Después de un fin de semana marcado por lluvias históricas y anegamientos en gran parte del sur santafesino, el río Carcarañá mostró en las últimas horas un cambio alentador: La tendencia descendente de su caudal. Hasta ayer por la noche, el río había alcanzado los 9,40 metros, un nivel que generó gran preocupación en las localidades ribereñas y obligó a un seguimiento permanente de parte de las autoridades.
La situación fue seguida muy de cerca por los bomberos, que desde el inicio de la crecida se organizaron en guardias para medir cada variación del cauce. Con linternas en mano durante la noche y con registros periódicos a lo largo del día, los equipos anotaban cada movimiento del agua en tablas y marcadores instalados en la costa. Ese monitoreo constante permitió tener información precisa sobre los momentos más críticos de la suba, pero también sobre el inicio de la esperada bajante.
Ya desde la madrugada de este jueves, el Carcarañá empezó a descender de manera sostenida. Lo que hasta hace 24 horas era una amenaza creciente se convirtió poco a poco en una señal de esperanza: Cada medición registraba algunos centímetros menos. Hacia el mediodía, los valores confirmaron que la crecida había quedado atrás y que el curso de agua estaba volviendo a su cauce normal, aunque todavía con niveles altos.
El alivio también se refleja en los barrios más cercanos al río, donde los vecinos (muchos de ellos aún atentos y con pertenencias a resguardo) respiran con un poco más de tranquilidad. “Ayer estábamos esperando el pico con mucho miedo, hoy vemos que empieza a bajar“, resumió un bombero voluntario de la zona.
Las autoridades recuerdan que, aunque el río ya muestra una clara tendencia a la baja, todavía persisten algunos sectores afectados y el monitoreo continuará en las próximas horas. Lo cierto es que, tras la tensión vivida por la crecida, la noticia del descenso del Carcarañá es hoy un respiro para toda la región.

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