En una región profundamente ligada a las tradiciones gauchas y al mundo ecuestre, un grupo de apasionados por los caballos propone una manera distinta de relacionarse con el animal. Según contaron en IRÉ, a través de clínicas y encuentros, Norberto Paré y Tato Benítez impulsan la llamada doma racional o doma india, una práctica que busca generar confianza, conexión y respeto mutuo entre el jinete y el caballo.

Hace algunas semanas realizaron una clínica en Monje y despertaron un fuerte interés entre tradicionalistas, jinetes y amantes de los caballos de toda la zona. La propuesta no apunta solamente a enseñar técnicas, sino también a replantear la manera en que históricamente se trabajó con el animal.

“El caballo siempre está despierto”

Norberto Paré contó que comenzó desde muy chico con la doma tradicional, trabajando con caballos “brutos” llegados del campo. Sin embargo, con el tiempo empezó a cuestionar algunas prácticas y descubrió nuevos métodos a través de videos y capacitaciones con referentes nacionales e internacionales.

Ahí me cambió la cabeza”, relató sobre sus primeras experiencias en cursos de doma india. Desde entonces continuó formándose con distintos maestros y hoy busca transmitir esos conocimientos en la región.

Para Paré, la clave está en construir un vínculo genuino con el animal. “El caballo no es que se despierta, siempre está despierto. Lo importante es generar una buena conexión y entender lo que el caballo te está diciendo”, explicó.

Una doma basada en la confianza

Tato Benítez, oriundo de Monje, también tiene una vida marcada por los caballos. Desde niño acompañó a su tío abuelo en tareas rurales y aprendió observando. Con los años se alejó del ambiente, pero más adelante volvió a reencontrarse con esa pasión.

Me di cuenta de que tenía que volver ahí porque es lo que realmente me apasiona”, contó.

Según explicó, la doma racional no busca imponer autoridad mediante la fuerza, sino lograr que el caballo entienda y acepte el trabajo desde la confianza. “Hoy hay herramientas distintas. No se trata de dominio, sino de convencimiento”, afirmó.

Ambos remarcaron que la práctica también implica una transformación personal para quien trabaja con el caballo. La paciencia, el control de las emociones y la energía con la que uno se acerca al animal son fundamentales.

“El caballo te lee”

Durante la entrevista, Norberto aseguró que el caballo percibe rápidamente el estado emocional de las personas. “Vos le podés mentir a cualquiera, pero al caballo no. Él te lee enseguida”, expresó.

Por eso sostienen que antes de entrar al corral hay que “limpiar la mente” y dejar afuera los problemas cotidianos. “Cuando estoy con el caballo, estoy ahí, presente. Todo lo demás queda afuera”, señalaron.

Además de la doma, ambos destacan el impacto emocional y terapéutico que genera el contacto con el animal. “El caballo no cura, pero ayuda muchísimo a bajar revoluciones y volver a conectar con lo simple”, reflexionó Paré.

Clínicas y actividades en la región

El grupo ya realizó distintas experiencias en la zona y adelantó que planean nuevas clínicas en Rosario y otras localidades de la región en los próximos meses.

También participarán de actividades tradicionalistas como las destrezas criollas previstas para el 24 de mayo en Monje y una clínica en Corrientes.

La propuesta busca llegar especialmente a los más jóvenes, invitándolos a acercarse al mundo del caballo desde una mirada más consciente y respetuosa.

Siempre hay más para aprender. Lo importante es tener la cabeza abierta”, concluyeron.