Meses atrás, Mario Boero afrontaba una carrera contrarreloj. Había logrado clasificarse al Mundial de Footgolf de México, pero necesitaba reunir los fondos para costear el viaje. Con esfuerzo, apoyo de la comunidad y una rifa solidaria, pudo concretar el sueño. Hoy, ya de regreso, hace un balance cargado de orgullo, emoción y agradecimiento.
“Era lo que cualquier deportista sueña desde que empieza a practicar un deporte: competir en un Mundial y representar a su país. Lo pude cumplir y estoy enormemente feliz”, resumió.
Una experiencia única desde el primer día
La dimensión de lo que estaba viviendo comenzó a sentirse apenas llegó a Acapulco. Allí compartió hotel con jugadores y jugadoras de más de 60 países.
“Sentí una alegría y un orgullo enorme. Fue algo muy parecido a lo que cuentan los atletas que viven en una Villa Olímpica. Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos con competidores de todo el mundo. Fue una emoción tremenda”, recordó.
La competencia reunió a más de 400 participantes y tuvo una particularidad que elevó la tensión desde el inicio: después de las dos primeras jornadas se realizaba un corte clasificatorio. Solo los mejores 210 continuaban compitiendo por los puestos principales.
“El segundo día se vivió mucha adrenalina. Mirabas los resultados y por momentos estabas adentro del corte y por momentos afuera. Había que enfocarse en jugar y no pensar en la tabla”, explicó.
El calor, un rival más en México
Más allá del nivel deportivo, hubo un factor que condicionó a todos los participantes: Las altas temperaturas. “Jugamos con casi 40 grados todos los días, un sol tremendo y viento caliente. Muchos jugadores sufrieron golpes de calor y algunos tuvieron que ser atendidos por deshidratación”, relató.
La organización incluso entregó protector solar dentro del kit de bienvenida y recomendó mantener una hidratación constante durante toda la estadía.
Canchas muy distintas a las argentinas
Boero destacó que una de las mayores dificultades fue adaptarse a escenarios completamente diferentes a los que suele encontrar en Argentina.
“Las canchas tenían muchísimas caídas, subidas y bajadas. Los greens eran perfectos, como alfombras. Nosotros no estamos acostumbrados a jugar en superficies así. Los europeos llegan con una ventaja porque juegan habitualmente en canchas similares”, explicó.
De hecho, señaló que entre los mejores clasificados predominaban jugadores del continente europeo, habituados a ese tipo de recorridos.
Objetivo cumplido y una apuesta por más
Antes de viajar, el deportista se había planteado una meta clara: superar el corte clasificatorio y mantenerse entre los mejores 200 del torneo. Lo consiguió.
“Mi objetivo era pasar el corte y lo logré. Después, el tercer día decidí arriesgar para intentar meterme entre los 100 mejores”, contó.
La estrategia implicó asumir riesgos en una cancha que parecía ofrecer oportunidades para escalar posiciones. Sin embargo, algunos errores terminaron castigándolo.
“Me fui al agua en algunos hoyos y eso me costó una tarjeta más alta de la que esperaba. Con el diario del lunes uno piensa si tendría que haber sido más conservador, pero estoy tranquilo porque lo intenté”, sostuvo.
Finalmente cerró el Mundial en el puesto 153, un resultado que valora positivamente teniendo en cuenta el nivel de la competencia.
El hoyo más difícil y los caimanes al borde de la cancha
Entre las anécdotas que dejó el Mundial, Boero recordó especialmente el hoyo 18 de una de las canchas, considerado uno de los más complicados del recorrido.
“Había que hacer un pase muy preciso para quedar cerca del agua, pero sin caerse. Si te quedabas corto, después tampoco podías pasar el lago con el segundo golpe. A muchos jugadores los castigó muchísimo”, explicó.
Como si eso fuera poco, el paisaje tenía un ingrediente poco habitual para los jugadores argentinos. “En varias lagunas había caimanes. Vos ibas caminando y los veías al lado del agua. Son cosas a las que no estamos acostumbrados, pero le daban una particularidad muy linda a las canchas”, relató.
El nivel internacional del Footgolf
Uno de los aspectos que más lo sorprendió fue descubrir la magnitud que tiene el deporte en otras partes del mundo. “Hasta que no llegás a un torneo así no tomás dimensión de cuánto se juega al footgolf en el mundo”, aseguró.
Entre los participantes hubo ex futbolistas profesionales de España, Francia, Japón y otros países. Incluso algunos habían disputado competencias de máximo nivel internacional. “La calidad de los jugadores es tremenda. No solo por la precisión, sino por la potencia y la técnica que tienen. Ahí te das cuenta de lo grande que es este deporte”, afirmó.
El agradecimiento a quienes hicieron posible el viaje
Boero también dedicó un espacio especial para agradecer a quienes colaboraron económicamente para que pudiera estar presente en México. “Sin el apoyo de toda esa gente no hubiese podido competir en esta competencia mundial”, expresó.
Mencionó especialmente al senador Hugo Rasetto, al diputado Cejas, a Marcelo Lewandowski, a la Secretaría de Deportes de Santa Fe y a todas las personas que colaboraron comprando números de la rifa organizada para cubrir los gastos. “Estoy profundamente agradecido con todos ellos”, remarcó.
El próximo desafío
Lejos de conformarse con haber cumplido el sueño, el jugador ya piensa en volver a intentarlo. “Uno no va a un Mundial porque quiere, sino porque tiene que clasificar. Hay que ganarse el lugar. Pero si la salud acompaña, voy a intentar estar en el próximo”, aseguró.
Y aunque todavía procesa todo lo vivido, hay algo que tiene claro. “Es una experiencia única. Son cosas que pasan una sola vez en la vida. Hay que aprovecharlas, disfrutarlas y después quedarse con el recuerdo. Este Mundial va a quedar conmigo para siempre”, concluyó.

