La Virgen de Luján ocupa un lugar central en la fe católica argentina y cada 8 de mayo miles de personas renuevan su devoción en distintas celebraciones religiosas a lo largo del país. Considerada patrona nacional y símbolo espiritual de millones de creyentes, su historia comenzó hace casi cuatro siglos y continúa vigente hasta hoy.
Todo se originó en 1628, cuando Antonio Farías Sáa, un terrateniente portugués instalado en Santiago del Estero, solicitó desde Brasil una imagen de la Virgen María para colocar en una estancia de su propiedad. Tiempo después, dos pequeñas figuras de terracota fueron enviadas desde San Pablo hacia Buenos Aires y luego trasladadas en carreta rumbo al norte argentino.
Durante el viaje ocurrió el episodio que marcaría el nacimiento de la devoción. Al llegar a la zona de Zelaya, en cercanías del río Luján, una de las carretas quedó inmovilizada y no pudo continuar el recorrido pese a todos los intentos. Según relatan las crónicas de la época, los pobladores interpretaron que la Virgen quería quedarse allí, por lo que la imagen fue colocada en una pequeña capilla construida en el lugar.
Con el paso del tiempo, el sitio se transformó en uno de los principales centros de peregrinación religiosa de Sudamérica. En 1930, el papa Pío XI proclamó oficialmente a Nuestra Señora de Luján como patrona de Argentina, Paraguay y Uruguay. Actualmente, miles de fieles continúan acercándose a su Basílica para agradecer, pedir ayuda o renovar su fe frente a una de las imágenes más queridas del país.

