Dormir apenas unas horas. Sentir un nudo en el pecho sin saber por qué. Vivir con ansiedad. No encontrar fuerzas para levantarse de la cama. Lo que hace algunos años parecía una realidad lejana o de unos pocos, hoy forma parte de la vida cotidiana de miles de personas.
Hablar de salud mental dejó de ser un tabú. Cada vez es más frecuente escuchar que un familiar comenzó terapia, que un compañero de trabajo atraviesa un cuadro de ansiedad o que un adolescente necesita acompañamiento psicológico. La pandemia aceleró un proceso que ya venía creciendo, pero no fue el único factor. La incertidumbre económica, el estrés, la presión social, el uso intensivo de las redes sociales y la soledad también dejaron su huella.
Los números ayudan a comprender la magnitud del fenómeno. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada ocho personas en el mundo vive con algún trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes. En Argentina, profesionales de la salud coinciden en que la demanda de atención psicológica y psiquiátrica aumentó de manera sostenida desde 2020 y continúa creciendo.
Un dato que estremece
Si hay una cifra que refleja la gravedad de la situación es la vinculada al suicidio.
Durante 2025, Argentina registró 5.209 muertes por suicidio, de acuerdo con el informe de Estadísticas Criminales del Ministerio de Seguridad de la Nación. Es la cifra más alta desde que existen registros oficiales.
El dato adquiere todavía mayor dimensión cuando se lo compara con otras causas de muerte. Los suicidios fueron más de tres veces superiores a los homicidios registrados durante el mismo año y también superaron el total de víctimas fatales por accidentes de tránsito.
Además, la tendencia continúa en ascenso. En 2020 la tasa era de 7,8 suicidios cada 100.000 habitantes. Cinco años después llegó a 11,8, un incremento que mantiene en alerta a especialistas y organismos de salud.
Otro dato que preocupa es que los varones siguen siendo el grupo más afectado, aunque los profesionales también observan un crecimiento sostenido de las consultas entre adolescentes y jóvenes.
Cuando la cabeza también enferma
Durante mucho tiempo se creyó que la salud mental dependía únicamente de la voluntad de cada persona. Hoy la ciencia demuestra que no es así.
La ansiedad no es simplemente estar nervioso. La depresión no se resuelve con “ponerle ganas”. Un ataque de pánico no es una exageración.
Los trastornos mentales son enfermedades que pueden afectar a cualquier persona y requieren un abordaje profesional. Dormir mal durante semanas, sentir angustia permanente, perder el interés por actividades cotidianas, aislarse, experimentar miedo constante o creer que nada tiene sentido son señales que no deberían minimizarse.
La economía también impacta en la salud mental
Llegar con dificultad a fin de mes, perder el empleo, vivir endeudado o no poder proyectar el futuro también tiene consecuencias emocionales.
Especialistas explican que la incertidumbre económica se convirtió en uno de los principales factores de estrés para muchas familias argentinas. A eso se suma otra realidad: mientras en el sistema público los turnos suelen demorarse, en el ámbito privado muchas personas abandonan o espacian sus tratamientos por razones económicas.
Una ley con una deuda pendiente
La Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 establece que el 10% del presupuesto sanitario debería destinarse a políticas de salud mental.
Sin embargo, esa meta todavía está lejos de cumplirse, una situación que repercute en la cantidad de profesionales, dispositivos comunitarios y servicios disponibles para atender una demanda que no deja de crecer.
Hablar puede salvar una vida
Uno de los cambios más importantes de los últimos años es que la salud mental comenzó a ocupar un lugar en la agenda pública.
Hablar de lo que pasa, pedir ayuda y acompañar a quien atraviesa un momento difícil puede marcar una diferencia enorme. Los especialistas coinciden en que la escucha, la contención y el acceso oportuno a un tratamiento son herramientas fundamentales para prevenir situaciones más graves.
Dónde pedir ayuda
Si vos o alguien que conocés está atravesando un momento difícil o tiene pensamientos suicidas, no estás solo.
El Centro de Asistencia al Suicida brinda atención gratuita y confidencial las 24 horas, a través de la línea 135 (desde Capital Federal y Gran Buenos Aires) o del teléfono (011) 5275-1135 para llamadas desde cualquier punto del país.
También está disponible la Línea Nacional de Salud Mental 0800-999-0091, destinada a brindar orientación y acompañamiento. Ante una emergencia o un riesgo inminente, llamá al 911 o acercate al centro de salud más cercano.
Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es el primer paso para empezar a sentirse mejor.

