El rompecabezas, conocido también como puzzle, cumple 260 años desde su primera edición registrada, aunque se cree que existió desde tiempos milenarios. Su origen moderno se atribuye a John Spilsbury, un cartógrafo londinense que en 1762 recortó los países de un mapa pegado sobre madera para enseñar geografía a sus alumnos. Con el tiempo, esta herramienta educativa se transformó en un juego popular, primero en las escuelas británicas y luego en el mercado de entretenimiento.

 A finales del siglo XIX y principios del XX surgieron los rompecabezas artísticos para adultos, elaborados en madera y cortados a mano, que se convirtieron en un pasatiempo de alta sociedad. Su complejidad creció con los años, exigiendo concentración y paciencia, y durante la Gran Depresión en Estados Unidos se volvieron un entretenimiento accesible que ayudaba a mantener la mente ocupada. Hoy, los rompecabezas se producen en distintos materiales, tamaños y formatos, incluso digitales, y tienen una comunidad global de aficionados que los colecciona y resuelve con dedicación.

Los rompecabezas también inspiran récords sorprendentes. El más grande del mundo, armado por estudiantes vietnamitas en 2011, tenía 551.232 piezas y medía casi 15 por 23 metros. Disney lanzó en 2016 un puzzle de 40.320 piezas con escenas de sus películas más famosas. Además, en China, 25 alumnos resolvieron 131 rompecabezas deslizantes en un minuto, batiendo un récord Guinness. La colección privada más grande pertenece a Luiza Figueiredo, de San Pablo, con 1.047 rompecabezas.

Más allá del entretenimiento, armar puzzles tiene beneficios comprobados para la mente y el cuerpo. Ayuda a ejercitar la memoria visual, mejorar la psicomotricidad y desarrollar el pensamiento lógico. También fomenta la paciencia, la concentración, la resolución de problemas y la autoestima, especialmente al lograr completar un desafío. Para niños y adultos mayores, es una actividad que combina aprendizaje, diversión y relajación.

Celebrar el Día Mundial del Rompecabezas no solo es reconocer un juego con historia, sino también los múltiples beneficios que aporta. Desde estimular la creatividad y la lateralización del cerebro hasta ofrecer un momento de desconexión de la rutina, armar un puzzle es un ejercicio completo para la mente y una forma de entretenimiento que atraviesa generaciones.