El Día Mundial de la Obesidad se conmemora cada 4 de marzo con el objetivo de visibilizar una enfermedad crónica que crece de manera sostenida en todo el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.000 millones de personas viven actualmente con obesidad, una cifra que se triplicó desde 1975 y que refleja un impacto sanitario, económico y social cada vez mayor.
La obesidad se define como una acumulación excesiva de grasa corporal que puede perjudicar la salud. Su diagnóstico se realiza principalmente mediante el índice de masa corporal (IMC) y la medición de la circunferencia de la cintura. En 2022, la OMS estimó que 2.500 millones de adultos tenían sobrepeso y que más de 890 millones de ellos presentaban obesidad, lo que representa el 43% de la población adulta mundial. En la región de las Américas, el 67% de los adultos registra sobrepeso.
La situación también preocupa en la infancia. Según datos internacionales, millones de niños menores de cinco años presentan sobrepeso, y entre los cinco y 19 años más de 390 millones atraviesan esta condición. El incremento sostenido en las últimas décadas evidencia un cambio profundo en los hábitos alimentarios y en los niveles de actividad física, especialmente en contextos urbanos.
Especialistas y organismos sanitarios coinciden en que se trata de una enfermedad multifactorial. Intervienen factores genéticos, metabólicos y conductuales, así como variables sociales y económicas. La expansión de sistemas alimentarios industrializados, el mayor consumo de productos ultraprocesados y el sedentarismo asociado a la urbanización son señalados como elementos clave en el aumento de casos.
Entre las principales consecuencias se encuentran la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y algunos tipos de cáncer. Además, puede afectar la salud mental y la calidad de vida. Frente a este escenario, las recomendaciones apuntan a políticas públicas que promuevan entornos saludables, el acceso a alimentos frescos, la reducción del consumo de ultraprocesados y la práctica regular de actividad física, junto con tratamientos integrales que combinen cambios de hábitos, apoyo profesional y, en determinados casos, medicación o cirugía bariátrica.
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