Cada 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Naturaleza, una jornada destinada a generar conciencia sobre el valor de la vida silvestre y la necesidad de preservar los ecosistemas. La iniciativa promovida por la Organización de las Naciones Unidas busca visibilizar las amenazas que enfrentan la fauna y la flora en todo el planeta, muchas de ellas vinculadas a la actividad humana y al avance del cambio climático.

El lema elegido este año es “Bosques y medios de vida: sostenibilidad de los pueblos y del planeta”. Los bosques cumplen un rol fundamental para el equilibrio ambiental: producen oxígeno, regulan el clima, almacenan carbono y son el hogar de miles de especies. Además, brindan recursos esenciales para millones de personas que dependen de ellos para obtener alimentos, medicinas y materias primas.

En Argentina, la situación genera preocupación. Según datos difundidos por la organización ambiental Greenpeace, en los últimos 12 años el país perdió alrededor de 2,8 millones de hectáreas de bosques nativos. Incluso después de la sanción de la Ley de Bosques en 2007, casi un millón de hectáreas protegidas fueron desmontadas, lo que provoca consecuencias ambientales y sociales cada vez más visibles.

La pérdida de bosques y el cambio en el uso del suelo generan múltiples impactos: más inundaciones, desaparición de especies, desplazamiento de comunidades y mayor riesgo sanitario. Diversos estudios señalan que cerca del 30% de los brotes de enfermedades como el virus Nipah, el Zika o el Ébola están relacionados con estas transformaciones en los ecosistemas.

En este contexto, las áreas naturales protegidas cumplen un papel clave. En la región del litoral, el Parque Nacional Islas de Santa Fe, es uno de los principales espacios de conservación del sistema de humedales del río Paraná. Este parque se encuentra en el departamento San Jerónimo, frente a la localidad de Puerto Gaboto, a unos 50 kilómetros al norte de Rosario y a 60 kilómetros al sur de Santa Fe.

Se trata del único parque nacional de Argentina que es completamente insular. Fue creado mediante la ley nacional 26.648, sancionada el 13 de octubre de 2010 por el Congreso de la Nación Argentina y promulgada el 15 de noviembre de ese mismo año. Su formación está directamente vinculada a la dinámica del río Paraná, que a lo largo del tiempo dio origen a las islas que hoy integran el área protegida.

Arroyos, lagunas y cursos de agua serpentean entre las islas y conforman un paisaje característico del delta del Paraná. En las zonas más bajas predominan pajonales de paja de techar, juncales, canutillos y camalotales, mientras que en los albardones sectores más elevados crecen especies como alisos de río, curupíes y ceibos.

La fauna del parque es diversa y representativa del ecosistema del litoral. Entre los mamíferos se destacan los carpinchos y los lobitos de río. También habitan numerosas aves como la pollona azul, la jacana, gallinetas, patos y distintas especies de garzas que forman parte del paisaje habitual de las islas.

En cuanto a los reptiles y peces, se pueden encontrar tortugas de laguna y tortugas pintadas, además de especies típicas del Paraná como sábalos, bogas, bagres, tarariras y el dorado, conocido como el “tigre de los ríos”. El carpincho, considerado el roedor más grande del mundo, está íntimamente ligado al agua y posee patas con membranas que le permiten nadar con facilidad. Suelen desplazarse en grupos familiares y, ante una amenaza, emiten un sonido similar a un ladrido antes de arrojarse al agua.

Entre las plantas más llamativas del lugar se encuentra el irupé, una de las especies acuáticas más grandes del mundo. Sus enormes hojas circulares flotan sobre la superficie del agua y pueden alcanzar hasta dos metros de diámetro. Su nombre en lengua guaraní significa “plato de agua”, mientras que sus flores, de tonos blancos y rosados, se destacan entre la vegetación de los humedales.

En una fecha como el Día Mundial de la Naturaleza, espacios como el Parque Nacional Islas de Santa Fe recuerdan la importancia de proteger los ecosistemas. La conservación de estos ambientes no solo resguarda especies y paisajes, sino que también garantiza el equilibrio ambiental y el bienestar de las comunidades de toda la región