El 23 de marzo se celebra el Día Meteorológico Mundial, una fecha instaurada en 1997 para conmemorar la entrada en vigencia del convenio que dio origen a la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El organismo, que reúne a más de 180 Estados miembros, tiene como objetivo garantizar el bienestar, la protección y la seguridad de la población a través del monitoreo y estudio de los fenómenos atmosféricos.

La meteorología es la ciencia encargada de analizar los procesos que ocurren en la atmósfera terrestre, como el clima, los vientos y las precipitaciones. Su rol resulta clave para anticipar eventos extremos, planificar actividades humanas y mitigar riesgos, especialmente en un contexto donde las condiciones ambientales muestran signos de creciente inestabilidad.

En las últimas décadas, especialistas coinciden en que se registró un aumento significativo en la frecuencia e intensidad de fenómenos como huracanes, tormentas eléctricas, sequías prolongadas, incendios forestales e inundaciones. Estos eventos, asociados al calentamiento global, representan una amenaza directa para la vida humana y han provocado la degradación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y millones de muertes en todo el mundo.

La preocupación por este escenario fue eje de debates internacionales, como la cumbre climática realizada en 2019 en el ámbito de las Naciones Unidas, donde se difundieron informes con datos alarmantes sobre el aumento de temperaturas y los eventos extremos. En ese marco, el Día Meteorológico Mundial cobra relevancia como instancia para promover la concientización y reforzar el compromiso global en la búsqueda de soluciones sostenibles frente al cambio climático.