En el marco del Día Internacional de la Partera, especialistas y organismos de salud remarcan la importancia de estas profesionales en los sistemas sanitarios de todo el mundo. Las parteras cumplen un rol central en la atención de la salud sexual y reproductiva, acompañando embarazos, partos y el cuidado de madres y recién nacidos. Sin embargo, la cantidad disponible es insuficiente: se estima que incorporar un millón más de parteras permitiría mejorar significativamente la calidad de atención y aumentar la supervivencia materna y neonatal.
Además de garantizar embarazos más seguros, las parteras contribuyen a prevenir embarazos no intencionales, reducir abortos en condiciones de riesgo y disminuir la transmisión maternoinfantil del VIH. También ayudan a evitar cesáreas innecesarias, promoviendo prácticas más seguras y respetuosas. En contextos de crisis, suelen ser las primeras en brindar asistencia, incluso en zonas remotas o de difícil acceso, donde su labor resulta indispensable.
A pesar de su impacto, la profesión enfrenta múltiples obstáculos. La falta de inversión sostenida, junto con la discriminación y las barreras de género, debilitan el desarrollo de la partería. Se trata de una fuerza laboral integrada mayoritariamente por mujeres, que muchas veces queda relegada de los espacios de decisión y liderazgo dentro de los sistemas de salud.
Frente a este escenario, expertos coinciden en que invertir en la formación y contratación de más parteras es una de las estrategias más eficaces para salvar vidas y fortalecer los sistemas sanitarios. Ampliar el acceso a controles prenatales, garantizar partos seguros y brindar seguimiento posnatal no solo mejora los resultados en salud, sino que también vuelve a los sistemas más eficientes y resilientes. En este contexto, el desafío es claro: posicionar a las parteras en el centro de las políticas de salud y asegurar su reconocimiento y financiamiento a nivel global.

