El Día del Abrazo se celebra cada 21 de enero y tiene como objetivo destacar la importancia de este gesto cotidiano que va mucho más allá de lo simbólico. La palabra “abrazo” proviene del latín y significa “acción de rodear con los brazos”, aunque para las personas representa cercanía, contención y conexión emocional.
Diversos estudios científicos sostienen que abrazar tiene beneficios concretos para la salud física y mental. Este acto ayuda a reducir el estrés, combatir la soledad, aliviar estados de ansiedad y depresión, y fortalecer los vínculos sociales. En contextos de preocupación o tristeza, un abrazo puede convertirse en una herramienta poderosa de apoyo emocional.
El origen de esta celebración se remonta a la década de 1980 en Clio, un pequeño pueblo del estado de Michigan, en Estados Unidos. Fue impulsada por Kevin Zaborney, pastor y psicólogo, quien trabajaba con jóvenes en situaciones de vulnerabilidad y observó una marcada resistencia social a demostrar afecto en público.
Zaborney advirtió que muchas personas evitaban los abrazos incluso dentro del ámbito familiar, por vergüenza o falta de espontaneidad emocional. A partir de sus observaciones, concluyó que un abrazo debería durar al menos 20 segundos y repetirse varias veces al día para generar un impacto positivo en el bienestar emocional.
Con la intención de promover una sociedad más cercana y empática, decidió instalar el Día del Abrazo en el calendario entre Navidad y San Valentín, fechas cargadas de emociones. En 1986, la efeméride se incorporó al Calendario de Eventos Chase, lo que permitió su difusión masiva y su posterior adopción en distintos países del mundo.

