El Día de Santa Mama Antula se recuerda cada 7 de marzo en homenaje a la primera santa argentina, reconocida por su profunda labor evangelizadora y su compromiso con los más necesitados. Su figura es considerada un símbolo de fe, servicio y misión en tiempos marcados por conflictos sociales y grandes diferencias de clase. Actualmente es venerada como patrona de los laicos consagrados y de las misiones populares.

Santa María Antonia de San José, también conocida como María Antonia de Paz y Figueroa, nació en 1730 en Villa Silípica, en el actual territorio de la provincia de Santiago del Estero. Provenía de una familia acomodada, pero desde joven decidió dedicar su vida a la religión. A los 15 años comenzó a servir a Dios y se vinculó estrechamente con los jesuitas, adoptando un estilo de vida austero y orientado a la misión.

Tras la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles en 1767, asumió la tarea de continuar difundiendo la espiritualidad ignaciana a través de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Durante años recorrió a pie distintas regiones del norte argentino, entre ellas Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba, promoviendo la participación en la vida cristiana y el fortalecimiento de la fe.

En 1779 llegó a Buenos Aires descalza y sin recursos, enfrentando rechazo y dificultades. Con el tiempo logró establecerse en la capilla de La Piedad, donde fundó la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, una institución que se transformó en un importante centro de formación religiosa. Allí recibía a personas de todos los sectores sociales y también brindaba asistencia a mujeres sin hogar y niños abandonados. Mama Antula falleció el 7 de marzo de 1799 y fue enterrada de manera sencilla en el campo santo de La Piedad.

Su camino hacia la santidad tuvo un largo proceso. Fue beatificada en 2016 tras el reconocimiento de un milagro vinculado a la curación de una mujer llamada Vanina Rosa. Posteriormente se confirmó un segundo milagro atribuido a su intercesión, relacionado con la recuperación de Claudio Perusini tras un grave accidente cerebrovascular. Finalmente, el 11 de febrero de 2024, el papa Francisco la canonizó oficialmente, destacando su caridad y su dedicación al servicio de los más pobres como ejemplo para la sociedad actual.