Luego de la Navidad y el Año Nuevo, el calendario festivo encuentra su cierre simbólico con la celebración de los Reyes Magos, que tiene lugar todos los 6 de enero. Se trata de una de las tradiciones más esperadas por los niños y niñas, quienes aguardan la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar, una costumbre que se mantiene viva en distintos puntos del país y especialmente en las localidades de la región.

La fecha remite a un episodio bíblico relatado en el Evangelio según San Mateo, donde tres sabios de Oriente siguieron una estrella hasta Belén para adorar al niño Jesús y ofrecerle oro, incienso y mirra. Este acontecimiento dio origen a la Fiesta de la Epifanía del Señor, que representa la manifestación de Jesús ante los pueblos del mundo y simboliza su condición divina.

Con el paso del tiempo, la celebración adquirió un fuerte carácter popular e infantil. En la Argentina, es habitual que los chicos dejen pasto y agua durante la noche como ofrenda para los camellos de los Reyes, reproduciendo el gesto de aquellos viajeros que llegaron desde tierras lejanas. Aunque no es feriado nacional, la jornada conserva un fuerte arraigo cultural y religioso.

En este contexto, distintas localidades de la región organizan recorridos, cabalgatas y repartos de golosinas, muchas veces con la participación de bomberos voluntarios, instituciones y organizaciones. Estas actividades no solo recrean la tradición, sino que fortalecen el encuentro entre vecinos y generan espacios de celebración compartida.

Así, año tras año, la llegada de los Reyes Magos vuelve a convertirse en una excusa para reunir a las familias, renovar la ilusión de los más chicos y reafirmar una tradición que atraviesa generaciones y sigue ocupando un lugar central en la vida social y cultural de la región.