El actor Diego Mesaglio, recordado por sus papeles en Chiquititas, Rebelde Way y Graduados, atraviesa uno de los momentos más esperanzadores desde el accidente que en 2014 le provocó la pérdida de visión en su ojo izquierdo. Tras años de incertidumbre, el Hospital de Clínicas lo llamó para informarle que apareció una córnea compatible y que podrá someterse a la esperada operación.
La noticia llegó de manera inesperada y lo tomó por sorpresa. Mesaglio contó que el llamado fue simple, casi cotidiano, pero con un peso emocional enorme: Llevaba más de nueve años aguardando esa confirmación, una espera marcada por el dolor físico, el desgaste emocional y un profundo impacto en su vida personal y profesional.
El accidente ocurrió en su propia casa, cuando una botella con alcohol etílico se deslizó y el líquido le ingresó directamente en el ojo. A partir de allí comenzó un largo calvario médico que incluyó tratamientos fallidos, complicaciones severas y, según relató el propio actor, una atención inicial deficiente que terminó agravando el cuadro.
Las consecuencias no tardaron en sentirse. Mesaglio tuvo que abandonar proyectos laborales, dejar de manejar durante un largo período y depender de su familia para tareas cotidianas. A eso se sumó un fuerte golpe anímico: El proceso lo llevó a atravesar momentos de angustia, aislamiento y depresión, además de enfrentar prejuicios dentro del ambiente artístico.
En ese camino, el sostén familiar fue clave. Padres, hermanas y amigos se convirtieron en un apoyo constante para atravesar los años más difíciles, mientras la posibilidad de una intervención quirúrgica parecía lejana e incierta.
La confirmación de que finalmente hay una córnea disponible marca un antes y un después. No solo abre una puerta desde lo médico, sino que también representa un alivio emocional y una oportunidad de cierre para una etapa marcada por el dolor y la espera.
Hoy, Mesaglio se prepara para afrontar la cirugía con cautela y esperanza. La llamada que tanto esperó no borra lo vivido, pero sí le permite mirar hacia adelante y comenzar una nueva etapa, con la convicción de que incluso después de los golpes más duros, siempre puede llegar una segunda oportunidad.

