Lo que comenzó como una incomodidad con la rutina terminó convirtiéndose en una decisión que les cambió la vida para siempre. Anto y Nano dejaron atrás la vida estructurada que llevaban en Santo Tomé y se lanzaron a recorrer América a bordo de “El Moncho”, el motorhome que construyeron con sus propias manos y que hoy es mucho más que un vehículo: Es su casa, su proyecto y el símbolo de un sueño cumplido.
La aventura comenzó oficialmente el pasado 14 de mayo, aunque la semilla había sido plantada mucho antes. Según contaron a IRÉ, todo explotó una noche viendo un video de YouTube de una pareja viajera. “Nos miramos en la cocina de casa y estábamos los dos con los ojos llenos de lágrimas”, recordaron.
Ese momento ocurrió el 7 de enero de 2024 y desde entonces prometieron hacer algo para cambiar sus vidas. Primero apareció la idea, después el vehículo y finalmente el proyecto de recorrer el continente.
El primer destino: Puerto Gaboto
Aunque inicialmente planeaban llegar directamente a Rosario, la despedida con familiares y amigos se extendió más de lo pensado y terminaron saliendo recién por la tarde. Mientras viajaban por la Ruta 11, buscaron un lugar tranquilo para pasar la primera noche y así apareció Puerto Gaboto. “Vi imágenes de la costanera, del río y pensé que era el lugar perfecto para arrancar esta nueva vida”, contó Anto.
El desvío valió la pena. La tranquilidad del pueblo y el paisaje ribereño terminaron convirtiéndose en el primer gran recuerdo del viaje.
El miedo de dejar atrás la vida “normal”
La decisión de salir a la ruta implicó dejar muchas cosas atrás: trabajos estables, la casa, la rutina y la cercanía diaria con la familia y amigos. Sin embargo, aseguran que no lo viven como una pérdida. “No es dejarlo atrás, es cargarlo distinto”, explicaron.
“No es dejarlo atrás, es cargarlo distinto”
Ahora la casa tiene ruedas, el trabajo cambia según el lugar y las prioridades también son otras. La búsqueda ya no está centrada únicamente en lo económico, sino en vivir experiencias.
“El Moncho”, mucho más que un motorhome
El vehículo fue construido por ellos mismos y aseguran que el proceso fue casi como criar un hijo. “Cada tornillo y cada minuto invertido lo hace especial”, dijeron emocionados.
Durante meses aprendieron mecánica, carpintería y distintas tareas para darle forma a su hogar rodante. Incluso el retraso del viaje terminó convirtiéndose en un aprendizaje sobre paciencia y tiempos personales.
Una ruta improvisada y una nueva forma de vivir
El plan original era arrancar rumbo a Brasil y pasar el verano cerca del mar, pero los retrasos modificaron completamente la hoja de ruta. Hoy viajan improvisando y dejando que el camino decida.
Después de Puerto Gaboto y Rosario, su próximo destino confirmado será un encuentro nacional rodantero en la provincia de Buenos Aires, aunque el resto todavía es incierto. “El camino se hace al andar y lo estamos aprendiendo ahora”, resumieron.
Vivir viajando: Cómo se sostienen económicamente
Mientras desarrollan sus redes sociales bajo el proyecto “A la mar en coche”, también buscan distintas formas de generar ingresos durante el viaje. Desde publicidad y edición de videos hasta ferias itinerantes, clases de teatro, diseño de redes sociales y trabajos ocasionales en cada lugar que visiten. “Si hace falta agarrar la pala, la agarramos”, señalaron entre risas.
El apoyo que llegó con el tiempo
Al principio, la reacción de familiares y amigos estuvo cargada de dudas y miedos. “Lo primero que surge de la gente que te quiere es tirarte la pálida”, contaron.
Sin embargo, con el paso de los meses, el entorno comenzó a involucrarse cada vez más en el proyecto. Amigos, familiares e incluso desconocidos colaboraron con herramientas, arreglos, comida y aportes económicos para que finalmente pudieran salir a la ruta.
“Aunque sea con miedo, hacelo igual”
Para quienes sueñan con una vida diferente pero todavía no se animan, el mensaje de la pareja es claro: Hay que intentarlo.
“No hay fracaso. Si no sale como imaginábamos, volveremos a empezar desde otro lado. Pero animarse ya es una victoria enorme”.
Hoy, arriba de “El Moncho”, atraviesan los primeros kilómetros de una aventura que recién comienza y que busca demostrar que, a veces, cambiar de vida también es una forma de encontrarse a uno mismo.

