Hay fechas que atraviesan a una sociedad para siempre. El 3 de junio es una de ellas. Hace exactamente 11 años, miles de personas colmaron plazas y calles de todo el país para decir basta. Basta de violencia. Basta de impunidad. Basta de femicidios.
El asesinato de Chiara Páez, una adolescente de 14 años de Rufino, en la provincia de Santa Fe, fue la chispa que encendió una de las movilizaciones más importantes de la historia argentina. Su nombre se convirtió en bandera. Su historia, en un símbolo. Y su ausencia, en una herida que todavía duele.
Once años después, otra adolescente de 14 años vuelve a conmover al país.
Agostina Vega desapareció en Córdoba y fue buscada desesperadamente por su familia durante días. La esperanza de encontrarla con vida se transformó en horror cuando su cuerpo fue hallado sin vida. Su femicidio generó una profunda conmoción social y volvió a exponer una realidad que persiste pese al paso del tiempo: las mujeres siguen siendo víctimas de la violencia más extrema.
La historia de Agostina revive el eco de tantos otros nombres que marcaron a la Argentina. Chiara Páez. Lucía Pérez. Úrsula Bahillo. Cecilia Basaldúa. Guadalupe Curual. Nora Dalmasso. Dulce Candia. Mujeres y adolescentes con vidas, sueños, familias y proyectos que fueron brutalmente interrumpidos.
Cada una de ellas representa una ausencia imposible de llenar. Una silla vacía en una mesa familiar. Un cumpleaños que ya no se celebra. Un abrazo que quedó pendiente.
Por eso, cada 3 de junio no es solamente una fecha en el calendario. Es un día de memoria, reflexión y lucha.
Madres, padres, hermanas, amigas y compañeros vuelven a levantar las fotos de quienes ya no están para recordar que detrás de cada estadística hay una persona, una historia y una familia atravesada por el dolor.
A 11 años de aquel primer Ni Una Menos, el reclamo sigue vigente. Todavía hay familias esperando justicia, causas sin resolver y violencias que continúan cobrando vidas.
La vigencia del movimiento no se explica solo por el recuerdo de las víctimas, sino también por la necesidad de seguir visibilizando una problemática que continúa atravesando a la sociedad. Cada nuevo caso reabre preguntas, exige respuestas y renueva el compromiso colectivo de no mirar hacia otro lado.
Hoy, como en 2015, el grito vuelve a resonar en cada rincón del país.
Por Wanda Taddei.
Por Ángeles Rawson.
Por Chiara Páez.
Por Lucía Pérez.
Por Micaela García.
Por Araceli Fulles
Por Úrsula Bahillo.
Por Daiana Garnica.
Por Anahí Benítez.
Por Brenda Micaela Gordillo.
Por Guadalupe Curual.
Por Florencia Romano.
Por Julieta Del Pino.
Por Lola Chomnalez.
Por Melina Romero.
Por Natalia Melmann.
Por Dulce Candia
Por Agostina Vega.
Por todas las niñas, adolescentes y mujeres víctimas de la violencia machista.
Y por todas las que faltan.
Porque detrás de cada nombre hay una vida que merecía seguir siendo vivida.
Porque la memoria también es una forma de justicia.
Y porque, once años después, el reclamo continúa siendo tan urgente como aquel primer día:
Ni Una Menos. Vivas nos queremos.

