El sistema de transporte interurbano en la región comenzó  a dar señales de estabilización tras atravesar semanas de extrema tensión económica. Lilian Garnicas, gerente de Tata Rápido, confirmó que, tras la reciente actualización tarifaria, la empresa dejó atrás el esquema de horarios reducidos. Según indicó la directiva, las unidades están circulando de manera normal, dejando sin efecto la merma de frecuencias que se había implementado como medida de emergencia ante el incremento de los costos operativos.

Cabe recordar que la situación del sector era calificada hasta hace pocos días como “absolutamente crítica”. Con un desfasaje en los costos de funcionamiento que alcanzaba el 72% y combustibles que treparon un 48% desde febrero, las empresas habían optado por una reducción cercana al 20% en sus horarios. Esta estrategia, descrita por Garnicas como la más conservadora para seguir funcionando, buscaba priorizar los servicios de mayor demanda mientras se aguardaba una respuesta del Gobierno provincial.

Uno de los principales detonantes de esta crisis fue la eliminación de los subsidios nacionales, que representaban entre el 30% y el 40% de los ingresos de las transportistas. A este complejo escenario se sumó la demora en los pagos del Boleto Educativo, que según la gerencia de Tata Rápido, suelen percibirse con hasta dos meses de retraso. Sin la actualización de la tarifa que finalmente se concretó, las empresas advertían una imposibilidad total de sostener el sistema en el corto plazo.

A pesar de la normalización del cronograma de viajes, los usuarios aún pueden experimentar algunas dificultades en el cumplimiento estricto de los horarios. Garnicas aclaró que, si bien se restablecieron las frecuencias habituales, se registran demoras puntuales en los recorridos. Estos inconvenientes no responden a la falta de unidades, sino a factores externos como el alto flujo de camiones en las rutas de la región y diversas tareas de reparación que se ejecutan en las calzadas.

De cara al futuro, la preocupación del sector se traslada ahora a la renovación de la flota, una tarea que los empresarios consideran “inviable” bajo las condiciones financieras actuales. Con unidades que oscilan entre los 325.000 y 500.000 dólares, la imposibilidad de inversión plantea un desafío a largo plazo para la calidad del servicio. Por el momento, el alivio en la tarifa permitió que los pasajeros recuperen sus horarios habituales, alejando el fantasma de una parálisis total del transporte.