Desde 1991, cada 27 de abril se conmemora el Día Mundial del Diseño, una jornada impulsada para destacar el trabajo de los profesionales de la comunicación visual y su impacto en distintos ámbitos de la sociedad.
La fecha tiene su origen en 1963, con la creación del Consejo Internacional de Diseño de la Comunicación (Icograda), entidad que reunió a asociaciones vinculadas al diseño gráfico, la gestión, promoción y enseñanza de esta disciplina. Sin embargo, recién en 1991 se instauró oficialmente el Día Mundial del Diseñador Gráfico, que desde 2012 pasó a denominarse Día Mundial del Diseño de la Comunicación.
El objetivo es reconocer el rol de los diseñadores gráficos, promover su función y fortalecer los vínculos entre profesionales de todo el mundo. Mucho más que una cuestión estética, el diseño atraviesa la vida cotidiana: está en la señalética, los envases, las marcas, los medios, las plataformas digitales y los espacios públicos.
Pero el diseño no solo se expresa en grandes ciudades o proyectos internacionales. También forma parte de la vida cotidiana en cada comunidad. En la región, puede reconocerse en elementos concretos como los carteles ferroviarios históricos de Maciel, Oliveros, Díaz y Serodino; en los escudos comunales y emblemas de clubes e instituciones; en los carteles de acceso e identidad visual de localidades como Pueblo Andino, Timbúes o Puerto Gaboto; en los murales de La Boca de Monje; y en la arquitectura de iglesias, comunas y edificios patrimoniales que forman parte del paisaje urbano de pueblos como Barrancas, Monje o Carrizales. También el diseño de plazas y espacios públicos puede entenderse como una expresión de organización e identidad comunitaria.
En ese sentido, el Día Mundial del Diseño también invita a mirar de otra manera lo cotidiano: entender que detrás de cada cartel, símbolo, espacio o intervención visual hay una intención de comunicar, organizar y representar a una comunidad.

