El 12 de mayo de 1992 quedó grabado a fuego en la memoria de toda la región. Aquel día, diez niños perdieron la vida cuando el vehículo en el que viajaban fue embestido por un tren del Ferrocarril General Mitre en un paso a nivel de Pueblo Andino. Hoy, 34 años después, la herida sigue abierta y el recuerdo permanece intacto en cada familia, en cada vecino y en toda la comunidad que aún no logra cerrar una de las páginas más dolorosas de su historia.

Los chicos, de entre 10 y 12 años, volvían de jugar al fútbol como tantas otras veces, en una rutina que terminó convertida en tragedia. Desde entonces, el dolor se transformó también en lucha: familiares y allegados sostienen hasta hoy el mismo reclamo por la colocación de barreras en el lugar del hecho, una medida que nunca llegó y que sigue siendo una deuda pendiente en materia de seguridad vial y ferroviaria.

Con el paso del tiempo, el sitio se convirtió en un espacio de memoria que busca honrar a las víctimas y, al mismo tiempo, advertir sobre el peligro latente. Un monolito recuerda a los diez niños y al padre fallecido, e incorpora un reloj de sol cuya sombra señala la hora exacta del siniestro, junto a once luces que simbolizan cada una de las vidas perdidas. Es un homenaje cargado de significado, pero también un recordatorio silencioso de lo que nunca debió volver a ocurrir.

La tragedia golpeó de lleno a familias de Puerto San Martín, Andino y San Lorenzo. Nueve de los niños viajaban habitualmente a las prácticas deportivas y uno de ellos había sido invitado ese día. A 34 años del hecho, el tiempo no ha borrado el dolor ni ha apagado el reclamo. Por el contrario, lo mantiene vigente, como una deuda que sigue esperando respuesta y como una memoria que la región se niega a olvidar.