A 30 años de aquella histórica presentación en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, Natalia Pastorutti compartió un sentido mensaje en sus redes sociales para rememorar el inicio de un camino que marcaría para siempre su vida y la de su hermana, Soledad Pastorutti. El recuerdo la trasladó al 26 de enero de 1996, cuando con apenas 13 años acompañó a “La Sole” en el escenario mayor del folklore argentino.

En su relato, Natalia evocó la mezcla de miedo, ilusión e inconsciencia propia de la infancia, el acompañamiento incondicional de sus padres y la emoción de saberse parte de un momento que, sin saberlo, cambiaría el rumbo de sus vidas. “No era un lugar más: era el escenario mayor de Cosquín”, expresó, al tiempo que destacó el amor y la dedicación de su madre y la pasión por la música transmitida por su padre.

Entre los recuerdos más entrañables, mencionó la madrugada siguiente al debut, cuando desde una cabina telefónica llamaron a su abuela Valeria para contarle lo sucedido, aun sabiendo que ya lo sabía. “Compartirlo con las personas que uno ama era lo más importante”, escribió, reflejando la sencillez y la emoción de aquel momento fundacional.

Natalia también hizo un recorrido simbólico por estos 30 años de camino, comparando la experiencia con rutas de tierra, barro y autopistas, que siempre terminan en Arequito, su lugar en el mundo y espacio de refugio personal. Agradecida, reconoció a su hermana Sole por su generosidad y carisma, al público y a la prensa por el respeto y el acompañamiento constante.

Celebro estos 30 años con la música… adentro”, cerró emocionada, reafirmando su presente como solista, disfrutando del folklore, los festivales y del camino que comenzó aquella noche inolvidable en Cosquín 1996.