Para María Leguizamón, completar los 42 kilómetros del Maratón de Rosario significó mucho más que un logro deportivo. A sus 47 años, la vecina de Oliveros alcanzó un objetivo que había perseguido durante mucho tiempo y demostró, sobre todo, que “nunca es tarde”. “A los 47 años me demostré que podía”, aseguró en diálogo con IRÉ.

Al recordar el momento en que cruzó la meta, contó que la emoción fue inmensa. “Me sentí orgullosa al cruzar la meta. Le gané al miedo. Lo hice, soy maratonista. Felicidad total”, expresó, luego de completar por primera vez la distancia más exigente del atletismo.

Si bien ya había participado en carreras de 5, 10, 12 y 21 kilómetros, explicó que el gran desafío pendiente eran los 42K. Para llegar preparada, entrenó durante seis meses, con una rutina basada en la constancia. Según relató, la clave fue avanzar “un poquito cada día, sin excusas”.

Como sucede en toda maratón, hubo un momento crítico. María recordó que el tramo más difícil fue el kilómetro 32, cuando el cansancio comenzó a pesar. Sin embargo, encontró fuerzas para seguir adelante. “Ahí me dije: ‘Vos podés’. Seguí”, recordó.

Su historia con el running comenzó de manera simple. Contó que empezó caminando y, poco a poco, fue sumando kilómetros hasta descubrir una pasión que transformó su vida. “Terminé encontrando mi fuerza”, afirmó.

Además, destacó que el apoyo de su familia fue fundamental para animarse a cumplir este sueño. Explicó que su familia, su corazón y sus ganas de intentarlo fueron el motor que la impulsó a enfrentar una prueba tan exigente.

Representar a Oliveros también tuvo un valor especial. “Es todo. Corrí por mi pueblo y por todas las mujeres que creen que ya no pueden”, sostuvo, dejando un mensaje de superación para quienes todavía dudan de sus propias capacidades.

Al resumir lo que significó esta experiencia, eligió una frase que refleja el espíritu con el que afrontó el desafío: “Me llamo corazón valiente. Persevera y triunfarás. Se puede. Llegar es ganar”. Un mensaje que sintetiza el esfuerzo, la perseverancia y la satisfacción de haber cumplido uno de los mayores sueños de su vida.