Tomi, el niño que fue embestido por un caballo desbocado cuando llegaba a la escuela en Oliveros, ya se encuentra en su casa tras haber recibido el alta médica. Aunque evoluciona favorablemente, sigue con golpes y atravesando el impacto emocional del episodio, al igual que su familia, que describió horas de angustia y agradeció el acompañamiento de vecinos, personal de salud y autoridades.
La escena ocurrió minutos antes del inicio de clases, en una mañana que parecía rutinaria y terminó en susto. El caballo, un animal joven y de gran porte, se soltó de un predio del barrio Toba tras cortar la soga que lo sujetaba y avanzó sin control hacia el centro. Recorrió varias cuadras por calle Santa Fe, dobló por Mitre, donde circulaban alumnos, y en plena vereda embistió a Tomi, arrojándolo contra un auto.
El seguimiento a través de cámaras permitió reconstruir el recorrido del animal, que fue encontrado más tarde en la zona de Rivadavia y Catamarca. El propietario fue identificado y el caballo quedó secuestrado.
El caso volvió a poner en discusión la problemática de los caballos sueltos en la región. El juez de faltas de Oliveros, Roberto Martínez, explicó en IRÉ que “se vio la capacidad de daño de un animal de 700 kilos desbocado” y remarcó que el hecho no terminó en tragedia “por una cuestión meramente casual”.
El funcionario detalló que este tipo de situaciones están contempladas en el código de faltas local, que prohíbe la presencia de animales sueltos en el ejido urbano. Sin embargo, reconoció la complejidad del problema: “Es una problemática que atraviesa todas las localidades. Hay una cuestión cultural, de recursos y de control que lo hace muy difícil de erradicar”.
“Es una problemática que atraviesa todas las localidades. Hay una cuestión cultural, de recursos y de control que lo hace muy difícil de erradicar”
En ese sentido, explicó que, al inicio de su gestión, se registraban entre tres y cuatro intervenciones diarias por caballos sueltos, mientras que actualmente ese número se redujo a una cada tres o cuatro días, tras campañas de concientización y operativos conjuntos con inspectores y policía. Aun así, admitió que “a veces no se da abasto” y que enfrentar a un animal desbocado “es extremadamente peligroso”.
Además, advirtió sobre otras aristas del problema, como la falta de controles sanitarios en muchos animales y el riesgo de enfermedades, sumado a la dificultad de alojar caballos secuestrados por la falta de infraestructura y recursos. “Un caballo implica costos muy altos y la comuna no tiene capacidad para hacerse cargo de todos los casos”, sostuvo.
“Un caballo implica costos muy altos y la comuna no tiene capacidad para hacerse cargo de todos los casos”
Finalmente, Martínez subrayó que actualmente tener un caballo suelto constituye una contravención y no un delito penal, lo que limita las sanciones: “El problema es que muchas veces se actúa cuando el daño ya está hecho. Por la peligrosidad que representa, debería ser considerado un delito”.
“El problema es que muchas veces se actúa cuando el daño ya está hecho. Por la peligrosidad que representa, debería ser considerado un delito”.
Mientras tanto, el caso de Tomi expone con claridad una situación que persiste en la región y que vuelve a poner en el centro la responsabilidad de los propietarios y la necesidad de reforzar la prevención para evitar accidentes.