El 2 de Abril de cada año conmemoramos el Día del Veterano y los Caídos en Malvinas. Particularmente y por una cuestión de honor y justicia prefiero Día de los Muertos y Veteranos de Malvinas.

Aquel acontecimiento que debería representar para los argentinos un hito, una divisoria, una enseñanza de la historia por sus complejidades y consecuencias, pero creo no hemos aprendido de su profundidad.

A tantos años, es fundamental seguir explicando que aquellos sucesos no fueron obra del azar, ni de un destino prescrito, sino la consecuencia de decisiones tomadas básicamente fuera del marco democrático y republicano.

En este presente, resuenan estertores de aquel 2 de Abril de 1982. Me impacta de manera muy profunda las identificaciones de 90 tumbas del cementerio de Darwin.

En este camposanto, donde por un lado había sepulturas con nombre y apellido y otras sin su correspondiente identificación y con solo una placa que rezaba “N.N. Soldado argentino, solo conocido por Dios”.

De los 649 argentinos que murieron en el conflicto, 237 de ellos fueron enterrados en este cementerio. En las postrimerías de la guerra se identificaron 114, mientras que 123 permanecían hasta hace un tiempo sin ser reconocidos. Hoy, hay 90 identidades más, luego de un largo y sinuoso camino que todavía no concluyó.

Cada uno de nosotros como soldados llevaba (o debería haber llevado) una chapita gris de identificación colgada al cuello con un cordón.

Debajo de toda la ropa estaba la chapita gris. Casi que no la veía nunca a esa chapita gris, porque no fueron muchos los días en que pudimos sacarnos la ropa para higienizarnos. Todos los días con el mismo uniforme puesto y para dormir te sacabas la campera gruesa y las botas y te metías en una bolsa cama, envuelto con frazadas. Así que, a mi chapita gris la vi luego de bastante tiempo, ya prisioneros de los ingleses, en el momento que nos preparábamos para bañarnos.

Esa chapa, que parecía tan intrascendente y rústica, termina siendo protagonista en muchos casos de la imposibilidad para identificar al soldado abatido.

Mi chapita gris según recuerdo, quedó en una fragata británica, luego que nos trasladaran a otro barco. Cuando preparaba estas lineas, le pregunté a Emilio un camarada, si recordaba que contenía la chapa. Y entonces me mandó unas fotos, de la chapita gris, y me hizo el comentario, “Es lo único que me quedó”. Lo único material que le quedó, agregaría yo. En mi caso, lo que me quedó fue un birrete mimetizado.

Aquella chapita gris, tenía de un lado grabado el escudo nacional que ocupaba toda la cara y en la otra cara el número de documento y el grupo sanguíneo, que se repetían tanto arriba como abajo de un troquel.

Si un soldado era abatido, el procedimiento consistía en que al ser recogido, ese troquel se rompía y se guardaba una mitad junto al cuerpo y la otra se llevaba para testimoniar y corroborar esa baja con su nombre y unidad.

Diferentes situaciones podían entorpecer ese registro, como la pérdida de la chapa o incluso la inexistencia de esa chapa, ya que hubo casos en donde ni siquiera se otorgó la identificación. También, otras situaciones más brutales como un cuerpo incinerado, que dejaba sin ese registro para determinar la baja.

Relato estas cuestiones con cierta crudeza, porque como sugirió un libro sobre el tema, aquello no fue un pic nic y porque la sociedad debe responsabilizarse de sus decisiones y de su historia y de su presente. Cada uno cargando con el peso que le corresponda. Hay actos que tienen consecuencias y esas consecuencia pueden permanecer más allá de los días, meses o años del episodio. Incluso pueden tomar diferentes formas, modelarse o transmitirse con distintas intensidades.

A partir de 2010, un grupo de soldados excombatientes encabezados por Julio Aro, luego de regresar de un viaje a Malvinas comenzaron a sensibilizar a familiares, políticos, y otros referentes sociales sobre la circunstancia de las tumbas sin identificación.

Después, de muchas idas y vueltas en el año 2012 el gobierno argentino tomó contacto formal con la Cruz Roja Internacional para llegar a un acuerdo Humanitario con Gran Bretaña y así poder reconocer a los soldados argentinos que yacían en esas tumbas sin verificación. A partir de ese momento otra comisión de soldados veteranos de Malvinas contacta a los familiares para que colaboren con su muestra de ADN, necesaria para realizar la tarea. No todos los familiares aportaron sus muestras.

Es en este contexto que en estos días familiares de nuestros muertos en Malvinas viajaron a las Islas. Muchos de ellos pudieron estar por primera vez delante de los restos mortales de su excombatiente, con la certeza de que era él. A pesar de las limitaciones impuestas a sólo dos familiares por veterano caído.

Las vueltas de la vida, te llevan a estar en lugares impensados, remotos, te marcan, te orientan o te desorientan. Así, uno se transforma en excombatiente por el resto de su vida.

Y como se conoce, muchos no pudieron, no resistieron, esta condición que por una parte te ofrece el honor, el homenaje, la medalla, el reconocimiento, las felicitaciones, pero que por el otro lado, más cotidiano, somos alcanzados por las generales de la ley.

Para ser breve, resumo algunos ítems que considero afectan al veterano de Malvinas:

  • Recorte de la pensión de excombatiente (al igual que todo el sistema previsional).
  • “Programa Nacional de Atención al Veterano de Guerra y su Grupo Familiar”. Pomposo título que no se cumple en especial donde dice: “…actividades que tienden a enfocar al Veterano de Guerra y su familia desde la promoción de la salud con un rol de participación activa en el cuidado de la misma”. Hay gente que no se toma en serio estas cuestiones. Y luego, lamentamos las consecuencias.
  • Los juicios por torturas a excombatientes en el períodos de guerra, están casi paralizados.
  • Los simuladores, conjunto de personas que fueron movilizadas como soldados durante el Conflicto de Malvinas, pero no estuvieron en las acciones. Confunden a la sociedad y organizan centros y algunos reciben subsidios de políticos.

Estamos en una etapa en cuanto al tema Malvinas, que me hace recordar a los buenos oficios del ex canciller de la época menemista, Guido Di Tella que regalaba sus ositos Winnie Pooh a los kelpers, con la esperanza de seducirlos.

Suena otra vez, esto de “volver al mundo”, cuando en realidad significa volver al Imperialismo y que el neocolonialismo se prolongue en el altar de los buenos negocios.

No puedo cerrar estas reflexiones sin mencionar la tragedia del ARA San Juan, del cual hay versiones múltiples pero todavía no verdades. Lo que sí entiendo es que hubo y hay una falta de acompañamiento a los familiares que no son el enemigo, son victimas de un sistema que los despoja de sus seres queridos y luego los abandona a su suerte.

Deseo fervientemente que los responsables de la búsqueda y de la investigación cumplan su rol, den el paso al frente que corresponde, cumplan, brinden ayuda y contención, que se conozca la verdad y que no tengamos que esperar 36 años para encontrarlos.

 

Omar Alberto Auel

Licenciado en Periodismo

Veterano de Malvinas