El Gobierno nacional autorizó recientemente elevar el porcentaje de bioetanol en las naftas hasta un 15%, una medida pensada para amortiguar el impacto de la suba internacional del petróleo y la presión inflacionaria local. La decisión implica una modificación técnica en los combustibles y ya genera interrogantes entre automovilistas.
Desde el punto de vista mecánico, especialistas advierten que el cambio tiene efectos mixtos. Por un lado, el mayor contenido de etanol eleva el octanaje, lo que mejora la combustión y reduce la posibilidad de detonaciones en motores modernos. Esto resulta favorable para autos con alta compresión, que pueden aprovechar mejor estas características sin sufrir daños en componentes internos como pistones, válvulas o aros.
Sin embargo, la contracara aparece en el rendimiento. El bioetanol tiene menor poder calorífico que la nafta pura, lo que implica que el vehículo necesita consumir más combustible para recorrer la misma distancia. En términos prácticos, se estima que el consumo podría incrementarse alrededor de un 10%, diluyendo el eventual beneficio económico que busca la medida al contener los precios en surtidor.
El punto más sensible está en los vehículos más antiguos, muchos de los cuales todavía circulan en la región. Modelos con más de 15 o 20 años podrían presentar inconvenientes en componentes de goma del sistema de combustible, como mangueras, sellos y o-rings. El contacto prolongado con mezclas con mayor porcentaje de etanol puede deteriorarlos, generando pérdidas y potenciales riesgos.
La situación es aún más delicada en autos clásicos o anteriores a la década del 90, así como en aquellos que combinan uso de nafta y GNC pero permanecen largos períodos sin utilizar combustible líquido. En estos casos, el deterioro puede acelerarse si no hay mantenimiento adecuado.
En vehículos con inyección electrónica, el impacto se traduce principalmente en un leve aumento del consumo y una respuesta distinta del motor. En cambio, en autos con carburador los efectos pueden ser más notorios, tanto en el rendimiento como en el desgaste de ciertos componentes.
Otro aspecto a tener en cuenta es el almacenamiento. El bioetanol contiene oxígeno, lo que puede favorecer la proliferación de bacterias en el combustible cuando el auto permanece detenido por largos períodos. Por eso, especialistas recomiendan el uso de aditivos estabilizadores en vehículos de uso ocasional.
Como dato positivo, esta nueva mezcla podría ayudar a reducir las emisiones contaminantes, algo que incluso podría beneficiar a vehículos que suelen estar al límite en controles técnicos.
En este escenario, la clave estará en el mantenimiento y en conocer el estado del vehículo. Mientras los autos más nuevos se adaptan sin mayores inconvenientes, los más antiguos requerirán mayor atención para evitar problemas a largo plazo.

