La pobreza infantil en Argentina se mantiene en niveles elevados. De acuerdo a un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), cerca del 60% de los niños, niñas y adolescentes vive en esa condición, mientras que alrededor del 30% no accede de manera regular a una alimentación suficiente.
El relevamiento, basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), precisa que la pobreza alcanza al 53,6% de los menores y la indigencia al 10,7%. Si bien estos indicadores muestran una mejora en comparación con los años anteriores, el estudio advierte que se trata de un alivio parcial que no modifica el carácter estructural del problema.
La evolución de estos indicadores a lo largo del tiempo muestra una tendencia general al alza. Aunque se registraron descensos en períodos puntuales, los picos se dieron en contextos de crisis. Entre 2020 y 2021 los niveles se ubicaron entre el 64% y el 65%, mientras que en 2023 se alcanzó un máximo de 62,9%.
En una mirada más amplia, en 2010 la pobreza infantil afectaba al 45,2% de los niños y adolescentes. Luego se observó una baja en 2011 y 2012, cuando los valores descendieron al 35,7% y 38,4%, respectivamente. Sin embargo, a partir de ese momento comenzó un deterioro casi ininterrumpido, que explica los niveles actuales, aún por encima de los mejores registros de la década pasada.
En cuanto a la indigencia, el comportamiento también presenta fuertes variaciones. Partía de un 11,4% en 2010, descendió a cerca del 8% en 2011-2012 y luego volvió a incrementarse de manera sostenida hasta llegar al 17,7% en 2024. En 2025, ese indicador retrocedió al 10,7%, lo que representa una mejora relevante.
La situación alimentaria sigue siendo uno de los puntos más críticos. El 28,8% de los niños y adolescentes atraviesa inseguridad alimentaria, mientras que un 13,2% se encuentra en condiciones severas. Este fenómeno se concentra principalmente en los hogares de menores ingresos y en los sectores socioeconómicos más bajos.
En este contexto, la asistencia alimentaria alcanzó al 64,8% de la población infantil, marcando un nivel récord. Este crecimiento se vincula tanto con la expansión de comedores escolares y comunitarios como con programas estatales como la Tarjeta Alimentar. A su vez, la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5% de los niños, lo que implica una baja de 3,3 puntos respecto de 2024.
El informe también advierte que estas transferencias alcanzan en su mayoría a los sectores más vulnerables, aunque no logran cubrir a la totalidad de quienes se encuentran en situación de pobreza, dejando fuera a algunos hogares que igualmente presentan carencias.
Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina, la investigadora Ianina Tuñón señaló que estas políticas no están diseñadas para cubrir completamente los ingresos familiares, sino para equiparar las condiciones entre trabajadores formales e informales, y remarcó la necesidad de mejorar el empleo adulto como eje central.
Otros indicadores refuerzan el cuadro de vulnerabilidad. Durante 2025, el 19,8% de los niños dejó de asistir a controles médicos o odontológicos por motivos económicos, siendo la atención bucal la más postergada. Además, el 18,1% vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento.
Por último, el acceso a servicios básicos continúa siendo un problema: el 42% de los niños reside en hogares sin saneamiento adecuado, lo que evidencia que, más allá de las variaciones en los indicadores, las desigualdades estructurales siguen afectando de manera directa a la infancia en Argentina.

