El 17 de marzo de 1992, una explosión sacudió el corazón de la Ciudad de Buenos Aires y dejó una herida imborrable en la historia argentina. Un coche bomba destruyó la sede de la Embajada de Israel en Argentina, provocando la muerte de 29 personas y dejando más de 200 heridos.

El ataque ocurrió en pleno barrio de Retiro y afectó también a edificios cercanos, una iglesia y una escuela. Fue el primer atentado terrorista de gran magnitud en el país y marcó un antes y un después en materia de seguridad y política internacional.

La investigación judicial atravesó años de irregularidades, falta de avances y denuncias de encubrimiento. A más de tres décadas, la causa sigue sin responsables condenados, lo que convirtió al caso en un símbolo de la impunidad en Argentina.

El atentado fue atribuido a la organización Hezbolá, con apoyo de sectores vinculados al gobierno de Irán, según determinó la Justicia argentina.

Cada año, el país recuerda a las víctimas y renueva el reclamo de verdad y justicia, en una fecha que permanece marcada por el dolor, la memoria y la búsqueda de respuestas.