Almita es de Maciel y construye su camino día a día desde los pequeños grandes logros. Con síndrome de Down, su historia no se narra desde la discapacidad, sino desde el trabajo sostenido, la estimulación temprana y una familia que acompaña cada paso con paciencia y amor. La pequeña transita avances cotidianos que se celebran como verdaderas victorias. “Queremos que el día de mañana pueda ser independiente y vivir su vida sin depender de sus hermanas o de nosotros”, expresó su papá, Franco Meza, en diálogo con IRÉ.
Alma Meza tiene 3 años y es de Maciel. Es inquieta, curiosa, está siempre en movimiento y le gusta participar de todo lo que pasa a su alrededor. Tiene síndrome de Down y su historia no se cuenta desde la discapacidad, sino desde los pequeños grandes logros que conquista día a día, en un camino donde cada avance se festeja como una verdadera victoria.
Desde los 45 días de vida, Alma asiste a Estimulación Temprana. A través de masajes, movimientos asistidos, juegos recreativos y simbólicos, fue fortaleciendo habilidades que van desde la motricidad fina y gruesa hasta el habla y la expresión. A fines de 2025, cerró esa etapa con su egreso, marcando un nuevo paso dentro de un proceso sostenido y profundamente trabajado.
Para su familia, el objetivo siempre fue claro: Acompañar a Alma para que pueda ser lo más independiente posible. “La independencia es súper trabajada, porque nuestro mayor deseo es que el día de mañana pueda vivir sola y no depender de nosotros como padres ni de sus hermanas”, explican. Ese horizonte guía cada aprendizaje, cada ejercicio y cada desafío cotidiano.
Moverse, usar su cuerpo, soplar, aprender lengua de señas, decir palabras, expresarse, comer, vestirse, ir al baño, contener la lengua dentro de su boca, pintar en el jardín o incluso memorizar una coreografía de folclore son desafíos enormes para Alma. Por eso cada logro, por más simple que parezca, se vive con una alegría inmensa. “Ante cada avance el festejo es enorme y muy disfrutado por todos”, describió eI diálogo honesto con IRÉ su papá, Franco Meza.
El trabajo no se limita a lo terapéutico. La participación en actividades sociales, los juegos en grupo y la interacción constante forman parte fundamental de su desarrollo. Acompañada por estimulación, comunicación con apoyos visuales, gestos y señas, y mucha práctica cotidiana, Alma sigue construyendo su propio ritmo de crecimiento.
Con el deseo de compartir esta experiencia y acompañar a otras familias, sus padres decidieron crear un perfil en redes sociales. Allí muestran el día a día de Alma, no desde la idealización, sino desde la vida real: Una nena feliz, divertida, con carácter, con días buenos y otros más difíciles, como cualquier persona. “Queremos mostrar que se puede, que los miedos muchas veces son nuestros, y que con apoyo, contención, paciencia y amor se puede vivir una vida plenamente feliz. Tal vez un poco más lenta, pero posible”, enfatizó.
“Queremos mostrar que se puede, que los miedos muchas veces son nuestros, y que con apoyo, contención, paciencia y amor se puede vivir una vida plenamente feliz. Tal vez un poco más lenta, pero posible”
La historia de Alma no es un relato de milagros ni de excepciones. Es una historia de constancia, acompañamiento y procesos con tiempo. Una infancia que avanza paso a paso, celebrando cada conquista y recordando que el verdadero progreso también se mide en sonrisas, intentos y ganas de superarse.

