En el marco de un paro nacional docente con fuerte impacto en Rosario, se conoció que el 65 % de los profesores de la Universidad Nacional de Rosario percibe salarios cercanos a los 250 mil pesos mensuales. Se trata principalmente de cargos con dedicación simple, que implican 10 horas semanales de trabajo, aunque en la práctica incluyen múltiples tareas académicas y administrativas.

Las escalas salariales difundidas por los gremios reflejan una fuerte disparidad según el cargo, pero con un denominador común: ingresos insuficientes frente al costo de vida. Un jefe de trabajos prácticos con dedicación simple ronda los $312 mil brutos, mientras que auxiliares y ayudantes perciben entre $208 mil y $261 mil. En los cargos de mayor dedicación, los sueldos superan el millón de pesos, aunque siguen rezagados frente a la inflación.

La brecha con la canasta básica es significativa. Según datos oficiales, un hogar tipo necesita más de 1,3 millones de pesos mensuales, lo que deja a gran parte del plantel docente por debajo de la línea de pobreza. Incluso algunos salarios se acercan a la línea de indigencia, evidenciando el deterioro del poder adquisitivo en el sector universitario.

A esta situación se suma la sobrecarga laboral. Los docentes no solo dictan clases, sino que también corrigen exámenes, preparan contenidos, atienden consultas y gestionan tareas administrativas. En muchos casos, están al frente de comisiones numerosas que pueden superar los 50 estudiantes, especialmente en los primeros años de las carreras.

Desde el gremio que nuclea a los docentes advierten que el atraso salarial acumulado ronda el 55 % y que la crisis impacta directamente en el funcionamiento del sistema. Renuncias, pluriempleo y la necesidad de generar ingresos extra fuera del ámbito académico se vuelven cada vez más frecuentes entre los profesores.

El conflicto se sostiene con un plan de lucha que incluye paros y actividades públicas. Docentes y estudiantes exigen la implementación efectiva de la ley de financiamiento universitario, actualmente vigente pero sin aplicación. Mientras continúan los reclamos y las acciones judiciales, el sistema universitario enfrenta un escenario de creciente incertidumbre.