Marcelo Muscio lleva 35 años trabajando en Lácteos Verónica. Entró cuando la empresa era un símbolo de crecimiento y hoy, desde su rol de delegado (cargo que asumió hace un año), es una de las voces que expone la profunda crisis que atraviesa la firma y que mantiene en vilo a cientos de familias de la región.

El conflicto laboral no es nuevo, pero se agravó durante 2025. Según relató Muscio, la empresa comenzó a atrasarse con el pago de salarios entre marzo y abril del año pasado, situación que se extendió durante meses y derivó en la intervención del Ministerio de Trabajo de la provincia de Santa Fe. En septiembre se firmó un acuerdo mediante el cual la empresa se comprometía a abonar un monto semanal para regularizar sueldos atrasados hasta el 8 de enero de este año.

Ese compromiso se cumplió de manera ajustada, pero desde enero los pagos volvieron a cortarse.

“Desde el 8 de enero no cobramos más. Y al mismo tiempo nos quedamos sin leche, sin insumos y sin transporte”, explicó el delegado.

“Desde el 8 de enero no cobramos más. Y al mismo tiempo nos quedamos sin leche, sin insumos y sin transporte”

La falta de pago a los productores provocó que dejara de ingresar materia prima, con cheques rechazados y tamberos que optaron por entregar la leche a otras empresas. Como consecuencia, la planta de Clason quedó totalmente paralizada, afectando de manera directa a 165 trabajadores. A nivel general, Lácteos Verónica emplea entre 600 y 700 personas.

La situación se agravó aún más cuando la empresa dejó de pagar el transporte que trasladaba a los operarios desde Totoras y San Genaro, lo que obligó a muchos a dejar de asistir o a organizarse con vehículos particulares para cumplir guardias mínimas. La planta no está tomada, pero funciona apenas de manera simbólica.

Mientras tanto, otras plantas de la firma, como Lehmann y Suardi, continúan operando bajo la modalidad de trabajo a fazón, aunque con volúmenes cada vez menores.

Otro punto que genera preocupación entre los trabajadores es la falta total de información por parte de la empresa. Según Muscio, existen interesados en comprar la firma, pero desde hace semanas no hay novedades ni señales de que los actuales dueños estén dispuestos a avanzar en una venta.

“Desde el Ministerio intentaron comunicarse con la empresa y no atendieron. Eso es lo que más preocupa: Hay silencio total”, señaló.

“Desde el Ministerio intentaron comunicarse con la empresa y no atendieron. Eso es lo que más preocupa: Hay silencio total”

El impacto del conflicto excede los muros de la fábrica y alcanza de lleno a Clason, Totoras y San Genaro, localidades donde la actividad de Lácteos Verónica es un engranaje clave del entramado productivo y social.

Tras el fallecimiento de los fundadores de la empresa, los trabajadores señalan un deterioro progresivo en la conducción. “Esto no empezó ahora, venimos con problemas desde hace años, pero nunca como hoy”, resumió Muscio.

Ante este panorama, los trabajadores anunciaron una movilización frente a la planta, en busca de respuestas concretas y con la esperanza de que la empresa tome dimensión de la gravedad de la situación.

“Es un panorama triste y negro, pero no nos queda otra que salir a reclamar”, concluyó el delegado.