A 213 años del Combate de San Lorenzo, el Campo de la Gloria fue escenario de un hecho inédito: Por primera vez se realizó una recreación histórica del momento en que el general José de San Martín caía herido y era salvado por el sargento Juan Bautista Cabral. Detrás de esa imagen que conmovió a miles de personas hubo meses de preparación, una familia expectante… y un caballo llamado Gaucho.
El encargado de personificar al Libertador fue Sergio Pasquín, vecino de Venado Tuerto, integrante de la Federación Gaucha de la provincia de Santa Fe, presidente de la Asociación Civil y Cultural Martín Miguel de Güemes e instructor de equinoterapia. Pero para él, el verdadero protagonista no fue su figura vestida de uniforme histórico.
“Si él no se caía, no había recreación”, dijo, en referencia a su caballo de 16 años, al que tenía desde potrillo. “El importante era él. Todo dependía de que hiciera lo que tenía que hacer en el momento justo”, agregó.
Un vínculo más allá de lo técnico
Gaucho no era un caballo cualquiera. Estaba preparado para equinoterapia y, según contó Pasquín, entre ambos existía lo que en esa disciplina se denomina “diálogo tónico”, una conexión corporal y emocional que iba más allá de las órdenes.
“Le hablo, nos entendemos”, explicó. “Le había dicho que iba a haber tiros, humo, mucha gente. Que iba a estar nervioso, que era una responsabilidad muy grande para los dos. Pero que iba a estar a la par de él”, relató.
Durante los ensayos, el viernes y el sábado previos al acto, recorrieron el Campo de la Gloria para que el animal reconociera el lugar. El día de la recreación, frente a autoridades nacionales, provinciales y militares, llegó el momento clave: La caída.
“Se sorprendió un poco con los tiros, pero cuando escuchó mi voz se calmó. Hizo todo perfecto. Después, cuando terminó la actuación, no se quería levantar. Era como si quisiera seguir participando”, dijo.
Una escena que despertó lágrimas
La representación no solo impactó por su valor histórico. Muchos de los presentes, sobre todo adultos mayores y militares retirados, se acercaron a abrazarlo con lágrimas en los ojos.
“Me decían gracias. Me abrazaban fuerte y no me soltaban”, recordó. “Fue muy fraternal, muy simbólico. Creo que al ver la figura de San Martín ahí, en ese lugar, algo se despertó”, sostuvo.
Para Pasquín, no se trató de una cuestión política, pese a la presencia de altas autoridades. “Yo lo viví desde el respeto institucional”, señaló. “Estaban el presidente, el gobernador, el intendente, los jefes militares. La responsabilidad era hacer las cosas bien ante todos ellos. Pero lo más fuerte fue lo emocional de la gente”, afirmó.
El abrazo que lo quebró
Si hubo un momento que lo marcó profundamente fue al finalizar la recreación. Tras la escena, salió al galope y pasó frente a su familia, que observaba desde la tribuna.
“Allí estaban mi señora Silvia y mis hijas, Sol y Luz, abrazadas. Cuando las vi, me emocioné”, confesó. “Sabían que podía salir mal, que el caballo podía ponerse nervioso. Hasta que no terminó, no respiraron”, contó.
Su esposa era directora de la Escuela de los 100 Años de Venado Tuerto, una institución emblemática de la ciudad. La familia vivía intensamente la tradición, la cultura y la educación. Por eso, lo ocurrido en San Lorenzo fue un logro compartido.
“Después lloramos todos. Rezamos. Fue como cerrar un capítulo y empezar a disfrutar lo que había pasado”, expresó.
Un hecho histórico que buscó marcar un precedente
La iniciativa fue impulsada por Jorge Pacheco, quien había comenzado a gestionar la idea con el objetivo de sorprender a los sanlorencinos. Para Pasquín, lo vivido podía ser el inicio de algo más grande.
“Seguramente con el tiempo se podrá ampliar la recreación. La batalla duró 15 minutos. Ojalá algún día se pueda representar completa”, manifestó.
Mientras tanto, guardaba en la memoria la imagen de Gaucho tendido en el suelo del Campo de la Gloria, los aplausos, los abrazos y las lágrimas.

