Desde que se publicó el concurso de supervisión en 2023, María Inés Grippo, de Carrizales, se volcó de lleno al estudio, combinando el trabajo en la escuela, la vida familiar y la preparación académica. “El material era muy extenso y había que responder con vocabulario y protocolos precisos. Fue un desafío, pero me permitió organizar mis tiempos y concentrarme”, recuerda. Ya había participado de otros concursos, pero decidió primero tomar un cargo de vicedirección mientras cuidaba a su hijo más pequeño. Finalmente, su esfuerzo dio frutos: Quedó primera en el escalafón de la Regional V y con el puntaje más alto de todas las regionales de la provincia.
Su recorrido docente es amplio y diverso: comenzó como preceptora en Rosario, fue profesora en educación para adultos en Timbúes y directora en varias escuelas de la región, incluyendo el Anexo Carrizales, que más tarde se convirtió en la EESO 600 Héroes de Malvinas. “Todos esos ámbitos me forjaron. Enseñé a padres, alumnos, cooperadores y docentes, y aprendí a formar equipos, escuchar y acompañar”, relata. Para ella, el eje de la escuela siempre ha sido el alumno: estar presente, hacer docencia en cada detalle, incluso en los más imperceptibles, y mantener un compromiso firme con la normativa.
La motivación de Grippo sigue intacta: “La educación salva. No es una frase hecha. Podemos darles herramientas a los adolescentes y niños para que construyan su futuro. Eso me mueve”. Su visión sobre la docencia actual es clara: los docentes deben actualizarse continuamente, fomentar la creatividad, involucrar a los estudiantes en la construcción del conocimiento y promover su participación social, reconociendo la diversidad y el ritmo de aprendizaje de cada uno.
En su rol actual de supervisora, Grippo acompaña a directivos y docentes para que las políticas educativas se concreten, formando redes y proyectando mejoras sostenibles. “Hacer de la escuela una gran escuela implica planificación, identificar prioridades, trabajar con coherencia y siempre pensando en los estudiantes”, afirma, citando una frase de Claudia Romero que la inspira. Además, insiste en que la supervisión no es solo control: “Un director que lidera equipos genera condiciones de mejora para y por sus estudiantes, y el supervisor está allí para acompañarlo en ese proceso”.
Más allá de la escuela, María Inés forma parte de su comunidad: proviene de una familia con fuerte vínculo con la educación y el cooperativismo en Timbúes, acompaña a su esposo, Oscar Cattaneo, en la gestión de Carrizales y en sus años al frente del club, y participa activamente en la Comisión de la Biblioteca Popular Pablo Pizzurno. Reconoce también a sus amigas como sostén en su vida personal y profesional. “No es sencillo repartirse entre la profesión, la familia y el pueblo, pero es parte de lo que soy”, confiesa.
Enseñar, acompañar, formar y crear redes es, para María Inés Grippo, más que un trabajo: es una forma de vida. Su historia refleja la pasión de quienes construyen educación desde la vocación y el compromiso, transformando escuelas y comunidades con amor y constancia.

