Criado a orillas del río y entre animales, Luis Maximiliano Fernández es parte de una familia históricamente ligada a la ganadería y a la pesca en Puerto Aragón. Hijo y sobrino de pescadores comerciales, su historia podría haber seguido ese mismo camino, pero eligió otro rumbo, enfocado en la pesca deportiva, la concientización y el cuidado del recurso.
“Yo me crié en la orilla del río, entre caballos, vacas y redes de pesca”, recordó. Durante años acompañó a su padre en la pesca comercial y luego en el turismo de pesca, llevando gente a vivir la experiencia del río. Sin embargo, con el tiempo empezó a sentir que ese modelo ya no lo representaba. “Pesqué comercialmente y no me agradaba mucho. Entendí que no era por ahí”.
A los 17 años comenzó a llevar gente como guía y hoy, con 30, acumula más de una década de experiencia en el agua. Se especializó en la pesca con señuelos y en la modalidad con devolución, una práctica que busca preservar las especies y permitir que el río siga dando vida. Según cuenta, el proceso no fue inmediato: Dejó la pesca comercial, se formó en la pesca deportiva y fue construyendo, paso a paso, un proyecto propio.
Actualmente, Luis ofrece un servicio integral en Puerto Aragón. Realiza excursiones de pesca, cuenta con tres alojamientos para turistas y una casa de pesca donde se pueden conseguir artículos y equipos. Además, su presencia en redes sociales, con cerca de 20 mil seguidores en Instagram, se convirtió en una herramienta clave para difundir su trabajo y un mensaje claro de cuidado ambiental.
“El cambio brusco nunca es bueno. A la gente hay que llevarla despacio hacia la pesca con devolución”, explicó. Por eso, su rol como guía va mucho más allá de buscar peces, ya que implica enseñar, conversar y generar conciencia. Para Luis, la pesca deportiva no está reñida con el disfrute. Aclaró que no se opone a que se consuma pescado, pero promueve el equilibrio. “Que se coman un pescadito en la isla y el resto se devuelva. Se puede disfrutar sin depredar”.
Entre las experiencias que lo marcaron, recuerda una en especial. El año pasado, guiando a un grupo en la zona, lograron capturar un surubí de más de 45 kilos. “Fue el pescado más grande que saqué en esta zona y quedó grabado para siempre. Obviamente, fue devuelto”, dijo con orgullo. Para él, ese momento resume el espíritu de la pesca deportiva, basada en la emoción del encuentro y el respeto por la vida del río.
Conoce cada rincón del humedal, desde Puerto Aragón, Arocena, Monje y Gaboto. No tiene un punto fijo de pesca, porque entiende que el río está en constante movimiento. La tarea, explicó, es buscar, moverse y leer el agua. Esa relación diaria con la isla también le permitió observar cambios profundos.
Luis nota un cambio generacional entre los pescadores y asegura que los más jóvenes tienen otra mirada sobre el ambiente y el cuidado del entorno. “Antes la basura quedaba tirada. Hoy, aunque sea, la juntan en una bolsa y la cuelgan. Parece poco, pero es un cambio enorme”, señaló. También observa transformaciones en la fauna, con zonas donde ahora hay ciervos, yacarés y una biodiversidad que antes no se veía.
Para él, la pesca es mucho más que capturar un pez. Es una forma de desconectarse, encontrarse con uno mismo y con la naturaleza. “La pesca es psicología, es despejar la cabeza, es disfrutar del entorno”, afirmó. Y dejó un mensaje claro: Cuidar hoy es garantizar que el río siga vivo mañana.
“Si yo, que fui pescador comercial, pude cambiar, cualquiera puede hacerlo. Todos podemos cuidar un poco más”, concluyó.

